domingo, 6 de julio de 2008

“Cuando tomás cocaína, tu alma hace las valijas y se va”

David Lebon, antes de su show en el nd ateneo, habla de todo: charly, las drogas, los cadillacs y su novia
“Cuando tomás cocaína, tu alma hace las valijas y se va”


Lleva 12 años sin tocar el alcohol ni las drogas. Quiere dejar Mendoza para volver a Buenos Aires. Sigue de novio con Hilda Lizarazu, visitó a García en la clínica y se prepara para dar un nuevo recital solista y porteño.

Con barba y bigote bien grandote, un “mostacho de macho cabal”, como cantaba Miguel Cantilo, David Lebon tiene un aire de diputado de principios de siglo (¡o un papá pitufo!). Se lo ve flaco, saludable y con el excelente humor de siempre, ese que le brilla en los ojos cada vez que suelta una broma. Para muchos, su imagen actual es toda una novedad, pero en realidad ya tiene varios meses. Sigue viviendo, como en los últimos 12 años, en Mendoza, pero ahora vino a Buenos Aires dos semanas antes de una nueva presentación en el ND Ateneo (ver recuadro), algo así como el lugar donde parece jugar de local cuando decide enfrentarse al público porteño.



De todas formas, parece decidido a venir a vivir nuevamente acá. “Cada vez estoy tirando más para este lado –dice– aunque Mendoza es un lugar hermoso y donde evidentemente me tuve que ir a curar, donde tuve que dejar el alcohol y donde me pasaron otras tantas cosas muy bellas. Pero también debo reconocer que en todos estos años realmente logré muy poco de lo que quería lograr en mi trabajo. Hice cosas como el concierto con la orquesta y grabar un disco, pero todo me costó muchísimo y se fue como desvaneciendo.


–¿Qué pensaste cuando Nito Mestre anunció que se juntaba con Charly para reunir a Sui Generis?

–Nito es un amigo del alma y lo quiero muchísimo, pero me sorprendió que quisiera volver a hacerlo, después de todo el quilombo que me contó que tuvo en la reunión anterior, la del año 2000

–¿Creyó que a Charly lo podía manejar o que podía ayudarlo?

–Todos sabemos de qué estamos hablando y no vamos a estar hueveando ahora con el asunto de “no hablemos mal de García”. Porque con Charly, así como estaba, no se puede hacer nada. Yo tenía muchas ganas de hacer algo a fin de año por los 30 años del inicio de Seru Girán, pero realmente no me animé a encararlo. Esto va más allá de quererlo o no quererlo, porque pocos saben que fui de canuto a verlo en el hospital. ¡Fui el primero, aunque los de Mañanas informales se preguntaban por qué no fui! Obviamente estaba sedado y descansado, con cara como de entregado a lo que estaba pasando, como diciendo “¡Otra vez!, ¿viste?”. No pudimos hablar mucho, pero lo vi y lo adoro. Las adicciones son complicadas y lo digo por experiencia propia.

–¿Y pensás que Charly lo puede llegar a manejar?

–Creo que sí. Charly García puede manejar cualquier cosa. Si pudo hacer canciones como Viernes 3AM y Los dinosaurios, puede hacer cualquier cosa. El tema es si quiere manejarlo. Es lo mismo que pasó con Oscar Moro... con quien una vez hablé sobre el alcohol. Hace doce años que no tomo.

–¿Puede haber vino en un camarín tuyo, o en una mesa donde estás cenando?

–Sí. Puedo ir tranquilamente a una fiesta, con todo el mundo borracho, y no tengo problema. No estoy peleado con el alcohol, ni lo odio, pero llegó un momento en que tomaba casi tres botellas de vodka por día y estaba fumando el doble. Entonces dije: “¡Esto lo tengo que parar de alguna manera!”, y lo pude hacer solo, sin necesidad de ir a ningún lado. Por eso le dije al querido Morito: “Si yo lo hice, lo puede hacer cualquiera”. A mí la muerte de Moro me dio mucha pena. ¡Pero pena enojada, eh! Creo que, cuando me lo encuentre donde él esté, o donde yo vaya, voy a tener una pequeña discusión, porque me pareció que fue muy débil. Si yo pude dejar de tomar alcohol, lo puede hacer cualquiera.

–¿Irías a ver de vuelta a Charly a la clínica?

–¡Por supuesto, claro que sí! Lo que no me gusta es verlo cuando está zarpado; ahí me escapo. Me voy cuando está con su séquito de zombis, todos con las mandíbulas yendo de un lado para otro y viendo dónde se pueden pegar una raya. No me lo banco así. No hay nada de qué hablar y no hay alma. Porque es así, la cocaína es así: vos te das un saque y el alma hace las valijas y se va. No es una droga para artistas, porque después no podés dormir, no comés… es una cagada.

–Contame de tu próximo álbum. ¿Vas a regrabar tus temas viejos finalmente?

–En un principio era lo que quería hacer para mi próximo disco, pero ya todo el mundo grabó temas de rock nacional de los grupos donde estuve. Así que ahora sólo voy a regrabar Viernes 3 AM, porque mi guitarrista Silvito Furmanski le hizo un arreglo muy rockero que está muy bien. El resto serán canciones nuevas que espero terminar acá en Buenos Aires. Lo que pasa es que el disco se detuvo un poco, y ahora descubro que no hay estudios disponibles. Ojalá alguien me ofrezca un estudio pronto y coproducirlo, algo así. Me encantaría conseguir un sonido como el último disco de Robert Plant con Allison Krause, más acústico pero con solos de viola y con rock
–¿Sigue firme el proyecto de retomar el dúo que armaron con Pedro Aznar?

–Sí. Todo lo que hicimos con Pedro fue fantástico: eran nada más que cuatro conciertos y de repente se transformó en un año de dar vueltas por todos lados. Y cuando compusimos los dos temas nuevos para el disco en vivo, nos miramos y supimos que había que hacer más. Los dos estamos a la par mental y espiritualmente. Yo sé cómo llevarlo a él, y él sabe cómo llevarme a mí

–Además les fue muy bien, ¿te sorprendió esa repercusión?

–Fue fantástico… es un regalo… A veces miro para atrás y digo: “¿Qué hice para merecer esto?”. O sea, olvidémonos del país: yo ya no me quejo más, aunque miro lo que pasa y a veces lloro de tristeza por todo lo que está pasando. Pero es el principio de una democracia y estas peleas y mariconeadas tienen que suceder.

–Siempre dijiste que en Argentina no se le daba un lugar de respeto y trabajo al músico pionero, a diferencia de Estados Unidos y Europa. Pero la unión con Aznar parece demostrar lo contrario.

–Los que soñamos esta música ya tenemos 50 y pico de años. Los que fuimos reprimidos ya tenemos esta edad. Y los que llegamos sanos, estamos felices. Pero hay, de todas formas, una falta de reconocimiento hacia los actores, pintores y bailarines, no solamente hacia los músicos. Hay actores grande de edad y actorazos a quienes no les dan laburo. Hay periodistas increíbles que tienen que estar haciendo huevadas para sobrevivir… Pero te repito lo que me propuse hace cinco años: “No me quejo más”. Porque elegí este país y a esta gente. Acá es donde me voy a quedar. Dejo la queja a un lado. Lo que sí me gustaría, y que siempre me pregunto, es: ¿dónde está el 25% de la gente que llenó River que a mí me pertenece? Me gustaría ver los lugares siempre llenos. No es que no se llenan cuando toco, pero a veces faltan algunas filas y hay que remarla y hacer notas todo el tiempo.

–A propósito de los River de Seru Girán: ¿qué hizo cada uno con tanta plata?

–No era mucha guita porque había muchos gastos, pero es cierto que hubo mucho dinero que no se vio. Hubo mucho delirio y la gente que no era delirante se aprovechó. El escenario lo compramos y nunca más supe adónde fue a parar, por ejemplo...

–El mito dice que te lo patinaste en un verano.

–¡Sí! ¡Me lo patiné en el verano y la pasé increíble! Me compré una coupé Mazda, una guitarra Takamine y el resto lo repartí entre mis hijos, mi hermana y mis ex esposas. Lo que pasa es que nunca tuve esa cantidad de dinero junta, entonces quise ver cómo era gastarla. Y la verdad es que se gasta muy rápido.

–Un consejo para los Cadillacs: “Chicos, se acaba rápido”.

–Sí, y el éxito no dura para siempre. Con respecto a los Cadillacs y las bandas que se vuelven a formar, de todas formas creo que no se vuelven a formar por la plata. No sé si todos, pero los grupos que yo conozco no se juntan por eso. Se arman porque la gente necesita escuchar buena música. Lo que a mí me pasa es que tengo una confianza increíble en Dios y sé que si Él me dio este don, voy a vivir de esto toda mi vida.

–Es hora de confirmar otro mito urbano: ¿es cierto que sos adicto a la televisión?

–Me encanta la televisión, desde siempre. Me acuerdo de que en la época de Pescado Rabioso me llevaba mi televisor a los ensayos, porque en la sala no había. Spinetta se moría de risa porque yo llegaba con la cunita con un bebé adentro y la tele blanco y negro en la otra mano.–Dicen que ves todos los programas de chismes... –¡Me encantan los programas de chismes, lo de La Tota, todo eso...! Le doy al zapping y me quedo viendo cualquier cosa, como ese programa de la familia que hacen motos, ¡y ni hablar de Los Simpson! Yo soy Homero, lo amo. Me encantaría tener una mujer como Marge, que es re permisiva. No te puedo nombrar más programas en particular porque veo lo que hay, cambio de canales, miro todo, aunque tampoco soy de los que se cuelgan mirando Animal Planet y se pasan el día viendo correr a los osos.

–¿Viste los Martín Fierro esta semana?

–¡Claro! Pero lo vi mientras grababa algunas canciones. Tenía la tele prendida al lado y cada tanto paraba un cachito, me fumaba un cigarrillo, miraba a ver cómo estaba la cuestión, y volvía al tema. Es lo que hago normalmente. ¿Viste que en las radios tienen la televisión encendida con el volumen bajo? Bueno, eso es lo que hago, así la tengo yo.

–Después de estos recitales, ¿vas a quedarte en Buenos Aires?

–Sí. Mi idea es alquilarme algo por acá, no sé si en la ciudad misma sino tal vez en Maschwitz, Morón o Moreno, donde están mis sobrinos, que tienen caballos de carrera, igual que mi viejo. Mi padre era burrero, tenía studs con caballos de carrera, pero yo nunca fui al hipódromo hasta hace un mes atrás que me llevó mi novia al de Palermo. Y no sólo me encantó sino que entendí completamente a mi viejo. Es algo fascinante, así que estoy ocupado con eso, con unos caballos que están en un haras en Las Flores, a 180 kilómetros.

–”Alquilar algo” ¿implica la opción de irte a vivir con Hilda Lizarazu?

–No. Pertenezco al clan de “no vivir nunca con la novia”. Y mi novia es igual. No queremos saber nada con convivir. Cuando nos vemos, no tenemos tiempo para pelear y eso está genial. A mí me gusta hacer mi vida y me encanta estar solo, y a ella también. Tiene su vida, y yo tengo la mía. Está divino, divino.

–Es curioso que todavía no hayan sido carne de los paparazzi...

–¿Te digo una cosa? No hicimos nada para salir o no salir en los medios. Hemos ido a un par de lugares juntos, pero no pasa nada, por suerte. Fue muy natural y muy bello cómo se dio todo. Éste es un amor muy increíble, un amor de adultos, un amor de más grandes


La consigna es “Haciendo rock”


El viernes 18, David volverá a tocar en el teatro ND Ateneo, el mismo lugar donde realizó la mayoría de sus shows de la última década. Incluso estuvo ahí en un par de excelentes conciertos a fines de febrero de este año, tras una larga etapa de actuaciones en formato acústico junto a Pedro Aznar. En aquella oportunidad, sorprendió por su regreso al rock más fuerte de su repertorio, tanto temas nuevos como algún guiño a su paso por formaciones legendarias como Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Polifemo o Seru Girán.

“El show va a ser similar al que hicimos la vez pasada, con la diferencia que hay un tecladista nuevo y volvió mi hijo Panchi a tocar la batería. Estuve viendo una lista posible de temas y tengo ganas de hacer Poder, que estaba en mi segundo álbum solista, Nayla. Es medio lentito y puede abrir un tramo más acústico, para cambiar un poco en la mitad del show. Pero tampoco voy a variar mucho porque la lista de la otra vez realmente gustó mucho en todos lados”, anticipa al hablar de las presentaciones que bautizó “Haciendo rock”.

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